Trataré de sistematizar en este punto algunas ideas relacionadas con el punto central del tema que nos ocupa, en función de lo expuesto en las entradas anteriores. Señalo a priori tres vías posibles de aproximación a las redes universitarias desde una perspectiva universitaria:
1. Una vía individual por agregación, que partiría del principio de que el recurso a la redes sociales como plataforma de cooperación universitaria debe hacerse en un marco en el que las universidades individualmente sean de forma creciente conscientes del valor de las políticas activas en favor del acceso abierto y del valor del conocimiento compartido, junto a las culturas de trabajo colaborativo, entre otros fenómenos sociales que definen el Internet 2.0. Todo esto animadas por el hecho de que la web 2.0 y las redes sociales constituyen una referencia y éxito entre una masa importante de empresas, profesionales y público en general. Esto es, cada universidad acomete un marco de transformaciones y cambios, que les lleva a abrirse y a interrelacionarse de una forma natural y progresiva. Estaríamos al cabo de algunos años en una universidad 2.0 y con unos universitarios 2.0… Las redes sociales se asimilarían de una forma natural y progresiva.
Esta via quizás fuera la deseable, pero hay que admitir que constituye un camino previsiblemente lento y dependiente de la propia voluntad de las universidades de adoptar estos cambios. Otra previsble consecuencia serán brechas entre las universidades que abracen el cambio y las que se resistan al mismo. En todo caso, estos cambios, por las razones expuestas hasta aquí son de la mayor importancia y bien merecerían todo tipo de incentivos.
2. Otra segunda vía, es lo que llamaría “una aproximación por abajo, liderada colectivamente desde arriba” y sin muchas pretensiones a priori. Se trataría de dotar de instrumentos y herramientas ya disponibles en las redes sociales generalistas, adaptándolas a los cometidos universitarios e incentivando la creación de comunidades interuniversitarias e internacionales. Esto es, fomentando de forma voluntaria, amigable en las actividades docentes e investigadoras con todos los mecanismos de interacción al servicios de las redes sociales actuales. Se trata de crear “efectos demostración”, buenas practicas universitarias, aproximaciones prueba-error, que nos permitan identificar las plataformas más idóneas para nuestros fines y visiones. Este tipo de redes sociales ya está tomando forma, impulsadas en el ámbito anglosajón, ver por ejemplo, academia.edu.
En este sentido, los compromisos surgidos en el Encuentro de Rectores de Guadalajara sobre el Espacio Iberoamericano pienso que dan un sobrado margen para este tipo de iniciativas y constituirían el marco ideal para motivar este tipo de procesos. Estaríamos en una iniciativa no costosa y viable, aunque sujeta a la aceptación voluntaria de los universitarios.
3. Una tercera vía dependiente bastante limitada, que cuenta cada vez con un mayor número de adeptos, es sencillamente el recurso o utilización por parte de las universidades de las redes sociales existentes (facebook, linkdin twitter, etc.). De hecho, se observa como un creciente número de universidades, empresas e instituciones hacen un uso, -en mi opinión limitado- en las vertientes de comunicación y promoción.
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